Todos se han
encontrado en la situación de abrir y utilizar por primera vez un ingrediente en
la cocina, pero ¿qué ocurre con él?
Lo habitual es
calcular mentalmente cuánto tiempo puede seguir ese alimento en perfectas
condiciones y apuntarlo de forma manual sobre una etiqueta o una cinta.
Sin embargo, un error en el cálculo de las fechas o una malinterpretación de una letra manuscrita puede suponer un riesgo importante para la calidad del producto, la salud del cliente y, por consiguiente, el buen funcionamiento del negocio.
El inmediato etiquetado en cocinas garantiza la calidad y la frescura de los alimentos tras su primer uso o tras ser descongelados, a la vez que aumenta la productividad y la seguridad en los negocios que manipulan alimentos.